¿Y si nos vamos a la Polinesia?

La Polinesia francesa parece haberse convertido en uno de los destinos predilectos de muchos de nuestros lectores. Y es que desde que hace año y medio publicamos el artículo Viajar a la Polinesia francesa sin dejarse un riñón , en el que os dábamos un montón de consejos y trucos para «vacacionear a precio low cost», han sido bastantes los e-mails recibidos pidiéndonos aumentar la información acerca de este paraíso perdido en mitad del Pacífico que en su día popularizó la película «El lago azul». Así que como teníamos pendiente dedicar un nuevo artículo a este destino idílico con el que siempre has soñado , aquí lo tienes: las próximas líneas te van a abrir las ganas de correr al armario, liarte la manta a la cabeza y preparar la maleta.

Eso mismo hicieron hace años artistas como Paul Gauguin, quien abandonó a su familia para instalarse aquí (os recomiendo su libro «Noa Noa: la isla feliz»). Si quieres visitar su tumba, esta se encuentra en el Calvary Cemetery de Atuona Bay . O Marlon Brando, quien se enamoró de las islas al venir a rodar una película en los años 60 y acabó comprándose su propia isla, Tetiaroa. Actualmente, esta acoge un ecoresort de lujo, The Brando, con 35 villas cuya principal finalidad es el respeto al medio ambiente.

Tahití o Polinesia, Polinesia o Tahití: tanto monta, monta tanto, pero lo llames como lo llames, este es uno de los destinos más tranquilos del mundo. No obstante, más de la mitad de las 200.000 personas que lo visitan cada año (una cantidad ridícula si lo comparamos con ciudades como París o Nueva York) son parejas que gastan aquí su luna de miel. Qué mejor lugar (tan alejado de todo que se encuentra a seis horas de avión de Hawaii) para desconectar del trabajo y la rutina. Sus aguas cristalinas, sus bungalows sobre el mar y sus playas de arena blanca constituyen la mejor promesa de calma y romanticismo. Además, muchísimos hoteles ofrecen extras a las parejas de recién casados para conseguir que sus vacaciones sean perfectas.

Pareja Tahiti

El archipiélago de Tahití consta de más de 130 islas pero sólo una veintena de ellas están mínimamente preparadas para el turismo. Evidentemente, las más visitadas son la propia Tahití y Bora Bora pero si aún buscas más tranquilidad, tienes opciones como Rurutu, una bella isla que ofrece bungalows en las montañas mucho más asequibles de precio y donde entre Julio y Octubre podrás presenciar la migración de las ballenas. Otra buena alternativa es Taha’a, conocida como «la isla de la vainilla» y donde las plantaciones de esta especia perfuman de un modo único las playas.

Como en su día ya te hicimos una mini-guía de viaje, ahora ampliaremos esta sugiriéndote algunas otras recomendaciones más rebuscadas pero que seguro te resultan de mucha utilidad. La primera de ellas se refiere al idioma. Y es que aunque el francés es uno de los dos idiomas oficiales y el inglés se habla con asiduidad, nunca está de más conocer algunas de las expresiones más populares en tahitiano (el alfabeto sólo consta de 13 letras y no existe la b, por eso Bora Bora se pronuncia Pora Pora). Aquí van algunas de las frases que te servirán de ayuda:

La ora na – hola

Maita’ i oe – ¿cómo estás?

Maita’ i vau – estoy bien

Nana – adiós

Mauruuru – gracias

Manuia! – ¡salud!

E – sí

Aita – no

Fa’aite mai ia’u ite e’a – ¿me puede decir cómo ir a…?

‘Ia maita’i terera’a – que tengas buen viaje

‘Ia maita’i te ho’ira’a – ¡vuelve pronto!

Ua ite oe i te parar Marite? – ¿hablas inglés?

Aita i papu ia’u – no entiendo

Ehia moni te’ie? – ¿cuánto cuesta esto?

‘Aita pe’ ape’a – no te preocupes

Haere maru – tómatelo con calma

Ua here vau ia oe – te quiero

Tiare Flor TahitiSi pasas unos días en Tahití, te aconsejo que aproveches para adentrarte un poco más en la tradición floral del archipiélago, que es de lo más interesante. La flor nacional es la de tiaré (con la que se elabora el aceite de monoi tras mezclar las flores con aceite de coco y dejarlas al sol). Conocida como la gardenia tahitiana, en las islas del Pacífico encontró su hogar ideal ya que es muy sensible al frío.

Es tan popular que hasta la compañía aérea Air Tahiti Nui la usa como emblema. Es común que se reciba a los visitantes extranjeros con un collar de flores de tiaré. Los nativos, si se la colocan detrás de la oreja izquierda, evidencian que están comprometidos y disponibles si lo hacen detrás de la derecha.

En Tahití las locales usan como accesorios las flores a diario y aún con más motivo en ocasiones especiales. Las haku lei (coronas de flores) se utilizan en bodas y ceremonias de graduación y su uso se ha extendido a muchos otros países. Otras coronas, las hei, son vestidas por bailarinas en celebraciones festivas y llevadas por novios y novias en los enlaces tahitianos.

Y qué decir de las camas cubiertas de pétalos de hibisco y los baños de flores, tan habituales en los spas de la Polinesia y que son el sumum de la relajación. Como veis, los tahitianos adoran sus flores, no sólo por su belleza sino también por sus incontables propiedades curativas. Sus favoritas, aparte de la de tiaré, son la de frangipani (o plumeria), el hibisco (que los tahitianos conocen como purau), la heliconia, la orquídea y el jazmín.

Al viajar a la Polinesia, no hay que dejar de lado el factor religioso, ya que en estas islas aún sobreviven muchos lugares místicos, los marae. Templos de piedra que los antiguos polinesios consideraban sagrados (y muchos de los modernos tahitianos también). Si bien los isleños siempre han venerado el mar, la tierra es la clave de su gran tradición cultural.

Para comprender mejor cómo era la antigua cultura polinesia, debemos visitar un marae. Es cierto que la mayoría de las veces encontraremos meras ruinas de piedra pero antes de que llegaran los europeos en el siglo XVIII, dichos templos eran el centro de la sociedad civil, política y religiosa. Los marae consistían en patos rectangulares de basalto y coral con un altar. Era allí donde los antiguos polinesios, que eran politeístas, rendían tributo a sus dioses (los atua), quienes podían ser convocados en la tierra por los sacerdotes y que estos se encarnaran en ídolos esculpidos.

Los tahitianos esperaban de estos dioses el maná, la fuerza divina responsable de la salud o la fertilidad. Para conseguir dicho maná (que traería consigo suerte en la pesca, las cosechas y las batallas contra los enemigos), había que brindar ofrendas: entre ellas se encontraban los sacrificios humanos.

Tiki Tahiti

¿Sabes que en Tahiti también podrás visitar un templo chino, el Kanti de Mamao que se encuentra en Papeete? La comunidad china lleva viviendo en las islas más de 150 años. Era 1856 cuando 300 chinos arribaron desde Hong Kong para trabajar en los campos de algodón y café. A lo largo del siguiente siglo irían llegando sucesivas corrientes migratorias y fue en 1973 cuando a todos los chinos residentes en Tahití (que los isleños conocían como tinitos) se les concedió la nacionalidad francesa.

¿Qué souvenirs puedes traerte (para ti y tus amigos) de la Polinesia francesa? Si vas sobrado de dinero, recuerda que aquí se cultivan, dentro de sus correspondientes ostras, unas de las joyas más exclusivas del mundo: las perlas negras. Son extremadamente raras y suponen más del 50% de las exportaciones del país, proporcionando unas ganancias aproximadas de 20 millones de dólares. Hasta en Tahití tienen el Pearl Museum dedicado en honor de estas maravillosas perlas, una exposición única en el mundo.

Perla Negra

El aceite auténtico de monoi (del que somos super fans y del que ya te hablamos en el anterior artículo), la esencia de vainilla o los tifaifais (quilts o colchas que comenzaron a tejer las mujeres de los misioneros protestantes en el siglo XVIII y cuya tradición aún se conserva) pueden ser buenas compras. También puedes echar a la maleta una botella de la cerveza local (Hinano), un pareo o un rallador de coco.

Y si eres amante de los tatuajes, como es nuestro caso, en las islas del Pacífico llevan haciéndose en los cuerpos de los nativos desde hace más de 1.500 años. De hecho, la propia palabra «tatuaje» proviene del factor de que en la antigüedad sólo los sacerdotes Tahua Tatau podían dedicarse a este arte. Hoy en día los tatuajes describen en los cuerpos de los tahitianos su condición social o sus conexiones familiares. Y aunque en la mayoría de los estudios se utiliza material moderno, en otros se mantiene el modo de tatuaje tradicional con un «ta», un instrumento de hueso o nácar enlazado a un mango de madera. El método es más doloroso pero te dejará un recuerdo imborrable (nunca mejor dicho) de tu paso por las islas.

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