Real Sitio de la Magdalena, de ruta por Santander

En Santander existe una península dedicada al disfrute de las personas, un lugar único en el norte de España que ha pasado por diferentes usos, propietarios e interesantes momentos históricos: El Real Sitio de la Magdalena, un lugar que va más allá de su reconocido palacio.

Santander es una ciudad preciosa. Su bahía es una de las más bellas del país, a lo que hay que sumarle un casco antiguo hecho a escala humana de impolutos edificios civiles, entornos naturales únicos y una gastronomía volcada en sus productos del mar.

Entre toda esta magnífica oferta, el Real Sitio de la Magdalena se convierte en un imprescindible si visitas Santander

La península de mismo nombre invita a caminar despacio, a perderse entre sus jardines, esculturas, playas, zoo y por supuesto, a adentrarse en el famoso palacio, sede de los cursos de verano de la Universidad Menéndez Pelayo.

Si eres de los que aprecia el calmo paseo, podrás observar el magnífico arbolado del Real Sitio de la Magdalena, un entramado boscoso de olmos, fresnos, eucaliptos, encinas y pinos marítimos plantados durante el reinado de Alfonso XIII.

Península de la Magdalena Foto: Balneario de solares

Pinceladas de historia del Real Sitio de la Magdalena

Al llegar al Palacio de la Magdalena, “ombligo del real sitio”, parece que este ha sido y es, el único uso de la bella península, pero no es así.

Nuestra curiosidad viajera nos ha llevado a conocer otra cara del Real Sitio y sus alrededores.

Con este artículo daremos a conocer un poco más de historia de este lugar, una historia que parece oculta cuando visitas este emblemático lugar de Santander.

Para empezar, el lugar debe su nombre actual a la existencia de una ermita situada en el encinar original.

Los primeros restos en la zona se encuentran en:

“el Yacimiento al aire libre situado en una pequeña explanada existente en la parte suroccidental del parque de La Magdalena. Su extensión real se desconoce”

Fuente: Catálogo del patrimonio arqueológico de Santander.

Tras esta época, cobran más importancia los restos de época romana. Se conservan algunas cerámicas, sigillatas, monedas, restos de una dársena, una estatuilla de Hermes e incluso, un delicado mosaico.

Todo ello vio la luz a raíz de las grandes mareas sufridas en diferentes ubicaciones de la Península, en los años cuarenta y sesenta del pasado siglo.

Pareciera que la historia no tocó más la zona, ya que hasta el siglo XVI no encontramos acontecimientos de interés.

El auge de Santander como bastión se materializa con la construcción de una colección de castillos y baterías defensivas, muchas de las cuales se situaron en la Península de la Magdalena.

Vistas a la isla de Mouro desde las ventanas del Palacio de la Magdalena

El Castillo de San Salvador de Haro, el de Santa Cruz de la Cerda o la batería de Santa Bárbara entre otras. Si quieres profundizar te aconsejamos esta página

Las viejas defensas se renuevan con otras nuevas, construidas con motivo de la Guerra de Cuba.

En 1909 se inician las obras del Palacio Real que ha dado fama internacional a la ciudad.

Construido por el ayuntamiento mediante suscripción popular en un intento de atraer las miradas de la élite europea en época estival y consolidar a Santander como destino turístico de calidad.

Ubicado sobre las ruinas del antiguo fortín de San Salvador de Hano que protegió la bahía durante años, el palacio, obra de los arquitectos Javier Gónzalez y Gonzalo Bringas Vega, costó unas 700.000 pesetas de la época.

El desembolso de grandes cantidades donadas por familias locales de renombre como los Botín o sociedades como la del Sardinero, ayudadas por el ayuntamiento, consiguieron que el Real Sitio de la Magdalena y Santander se convirtieran en foco de atracción de la burguesía y realeza europea.

Estancias del Palacio de la Magdalena

Alfonso XIII y Victoria Eugenia lo convirtieron en su residencia de verano, con uso exclusivo de toda la península desde 1913 hasta la proclamación de la II República en 1931.

Con el nuevo gobierno, se produce el incautamiento de la propiedad. El Real Sitio pasa a ser de uso público y el palacio se convierte en la sede de la Universidad de Verano.

Desde el 1933 al 36 se organizan cursos de verano. Ilustres ponentes y participantes pasan por las aulas, entre otros: José Ortega y GassetGregorio Marañón y Ramón Menéndez Pidal.

Durante la guerra civil epañola (1936-1939) el Palacio es utilizado como Hospital para los heridos y también como campo de concentración del ejercito franquista.

En ningún momento de la visita se hace referencia a este hecho, así como tampoco hemos visto ninguna placa que haga referencia a este período, borrado incluso de la historia que se cuenta en la web institucional del palacio.

Caballerizas convertidas en campo de concentración. Fuente: Un proyecto abierto de Alberto Santamaría

Tras el devastador incendio sufrido por la ciudad en el año 1941, el palacio se utilizó como residencia temporal de los habitantes que perdieron sus casas.

No será hasta 1977, cuando Juan de Borbón vende la propiedad al ayuntamiento de Santander por 150 millones de pesetas.

El Real Sitio de la Magdalena regresa así a sus propietarios iniciales, la ciudad de Santander.

En 1982, el Palacio de la Magdalena es declarado Monumento Histórico Artístico de carácter nacional.

En años posteriores se realizaron unas oportunas obras de rahabilitación debido al mal estado de conservación en el que se encontraba tras los diferentes usos y abandono.

Actualmente, se utiliza como sede de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menendez Pelayo, tamién como Palacio de congresos y reuniones o para celebrar bodas civiles entre otras.

Curiosidad: El Palacio de la Magdalena fue absoluto protagonista de la serie Gran hotel.

¿No resulta fascinante su historia y diferentes usos?

Lugares de interés del Real Sitio de la Magdalena

Tómate tu tiempo para recorrer uno de los emblemas santanderinos.

El parque se extiende a lo largo de 24,5 hectáreas y ofrece al visitante multitud de actividades.

Entre otras, podrás admirar los tres galeones utilizados por el marinero santanderino, Vital Alsar, en su travesía por el Océano Atlántico.

También verás la réplica de la balsa de madera con la que cruzó el Océano Pacífico en 1970. 

Las carabelas de Vital Alsar para rememorar la vuelta al mundo de Orellana

Mientras caminas por el parque saldrán a tu encuentro una serie de monumentos y esculturas.

Destacan el dedicado a las víctimas del terrorismo, obra de Agustín Ibarrola o la escultura de Félix Rodríguez de la Fuente.

Si no tienes el tiempo que merece este espacio natural o no te apetece caminar mucho, hay alternativa.

Súbete al tren turístico Península de la Magdalena desde el que podrás conocer la historia del lugar y disfrutar del paisaje.

Imprescindible, sin duda, es la visita a la joya de la península, el Palacio de la Magdalena. Te recomendamos la visita guiada. Las explicaciones son magníficas y no pierdes detalle.

¡A todos nos encanta sentirnos como reyes por unas horas!

Las vistas a la Bahía de Santander reclaman la atención del visitante

La visita permite conocer algunas estancias personales de los reyes, salas nobles y subir por su afamada escalera.

Estancias reales del Palacio de la Magdalena

Los parajes naturales como las playas de la Magdalena o la del Bikini, así como un conjunto de espacios deportivos, dotan de una excepcional belleza paisajística a la península.

Como ves, el Real Sitio de la Magdalena da para mucho, condensa la atmósfera y el carácter de Santander. Una ciudad abierta, marinera, elegante, respetuosa con el medio natural y repleta de historia.

Dónde comer y dormir

Imprescindible una visita a la Bodega Museo La Cigaleña. Gracias a la recomendación de nuestro colega Jesús del blog el Mule Carajonero.

Tanto si quieres tapear, como tomar alguna copa de su afamada carta de vinos o sentarte a comer las delicias santanderinas.

Bodega Museo La Cigaleña

Para cenar nos dejamos llevar por la comida cántabra casera de Bodega la Montaña en la que tuvimos la primera toma de contacto con los platos lebaniegos que nos acompañarán a lo largo del road trip por la comarca de Liébana.

Tapas y platos en la Bodega La Montaña

Antes de ir  a dormir, nos dejamos llevar por el ambiente nocturno de Santander (que lo tiene) y de paso, bajar la copiosa cena.

Nos fascinó la Coctelería Litte Bobby Speakeasy inspirada en la época de la ley seca en los EEUU de los años veinte.

La noche nos confunde en Santander

El merecido descanso lo tuvimos en el Hotel Santemar a escasos 100 metros de la playa del Sardinero.

Nos ha encantado el diseño y calidez de sus habitaciones de clara inspiración marinera, ¡con ojo de buey incluido! y sus espectaculares vistas.

El merecido descanso del viajero

Nota de autora: Esta visita forma parte del blogtrip #DescubreSDR acción promovida desde el ayuntamiento de Santander.

Grupo de bloggers #DesccubreSDR en el Palacio de la Magdalena

Damos las gracias a todo el equipo que ha hecho posible este viaje, entre otros a Sixt Rent a Car. Puedes seguir nuestra participación en este blogtrip a través de #DVECantabria.

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