Los bereberes en Boulmane Dades (Marruecos)

A lo largo de nuestros viajes por Marruecos hemos tenido la suerte de encontrarnos con personas y personajes fascinantes.

Uno de ellos apareció de la nada, mientras tomábamos un té a la menta en la azotea de un local situado en la ciudad de Boulmane Dades, en pleno valle de los pájaros.

Hoy, me ha apetecido recuperar estas notas del cuaderno utilizado en el viaje por el gran Sur de Marruecos que realicé junto al equipo del Máster de periodismo de la UAB.

¡Bienvenidos a nuestra historia junto a Ibrahim y los bereberes en Boulmane Dades.

Realidad o ficción, sencillamente una historia en Marruecos

Ibrahim, es guía en el Valle de los Pájaros y también Presidente de la Asociación para la defensa de la cultura bereber de Boumalne.

Compagina el trabajo de muletero con el de comercial de la tienda de productos artesanos de la asociación.

Hablamos de política, de religión, del papel de las mujeres en Marruecos.

El nos pregunta si estamos casadas, si tenemos hijos, el porqué de nuestra visita a este lugar apartado de los circuitos turísticos.

“A pesar del hotel, no hay conexión entre los clientes que llegan hasta allí y nosotros” nos explica.

Ibrahim fuma y bebe alcohol, en cuanto observa nuestras caras de sorpresa nos explica que el no es musulmán, pero que respeta la religión y a quienes la practican.

Estamos en territorio bereber, tierra de los hombres libres, con lengua, cultura, tradiciones y bandera propia.

“El bereber es un pueblo hospitalario, respetuoso, amigo de la conversación. Somos ante todo el pueblo de la paz”.

Preferimos escucharle ya que su español es fluido. Sus gestos son pausados, igual que su tono de voz.

Resulta hechizante escucharle. Su razonamiento y filosofía de vida choca con nuestras mentes occidentales:

“es mejor ser pobre y libre, que rico y esclavo”

En la terraza de un bar en Boumalne Dades junto a Ibrahim y amigos

En la terraza con Ibrahim y los bereberes en Boumalne Dades 

Sus amigos asientan con la cabeza cada frase, cada pensamiento que sale de los sus labios.

Le contamos la anécdota que nos ha pasado esa  misma mañana en la gasolinera de Tinejdad (donde hemos bailado como locas junto a un grupo de bereberes) y no le sorprende en absoluto.

Para los bereberes “la música es el medicamento del corazón”. Y en ese momento, en ese preciso instante me doy cuenta que hemos tenido que viajar miles de kilómetros para entender el significado de la palabra libertad.

“La música es el medicamento del alma” Ibrahim, le Muletier

El sol va bajando, miramos el reloj y es hora de regresar al hotel, pero Ibrahim nos tiene guardada una sorpresa.

Nos anima a visitar la tienda de la asociación (siempre viene bien que unas mujeres se pasen por la tienda). Aceptamos encantadas. Nos despedimos del grupo de amigos y seguimos al pequeño hombre hasta el zoco.

En la asociación nos acoge Mohamad, que se autodenomina “el ladrón de corazones”. ¡Casi nada!

Si Ibrahim nos ha hechizado con su filosofía, Mohamad consigue atraparnos. Nos invita a sentarnos y a tomar un té.

Nuestra mente “sucia” nos hace pensar que nos quiere engatusar para vendernos algo de la tienda, por cierto, repleta de preciosos tesoros.

Mohamad nos dice que por favor nos olvidemos de comprar, que limpiemos nuestra mentalidad occidental donde solo tiene cabida lo monetario, solo quiere conversar y tomar té con nosotras.

Nada más. Les molesta que los turistas pasen rápido, que no se interesen por ellos, por sus costumbres. Son personas de grata charla y gran curiosidad.

Tomando un té a la menta con Ibrahim y Mohamad

Tomando un té a la menta con Ibrahim y Mohamad

Otra vez nuestros miedos, nuestros prejuicios nos hacen ver fantasmas donde no los hay.

Las palabras de Mohamad son como para escribir un tratado de filosofía sobre el alma, sobre el corazón y la libertad.

Son tan profundas sus convicciones que mis compañeras no pueden evitar llorar. Mohamad agradece el gesto y las besa en la mano.

En ese preciso momento me doy cuenta de lo afortunada que soy por haber renunciado a un trabajo que me tenía atrapada y haberme embarcado, junto a Carmelo, en nuestro proyecto de vida viajera.

A pesar de lo bien que nos encontramos, a pesar de la animada charla, tenemos que irnos.

Nos queda una buena caminata hasta el hotel y el resto del grupo nos espera.

Mohamad nos insta a que invitemos a todo el grupo para que bajen hasta el pueblo, para que vengan a tomar té a la menta junto a él y sus amigos. ¡Así es realmente el pueblo bereber!

Nueva invitación de bereberes en Boulmane Dades

Salimos de la tienda con un aire renovado, como si nos hubiéramos pasado por una terapia de grupo, como si hubiéramos tenido la mejor sesión de estética, nuestras caras brillan.

Nos miramos las tres y no podemos creer todo lo que este viaje por Marruecos nos está aportando.

Mientras vamos ensimismadas en nuestra conversación, atisbamos por el rabillo del ojo a un grupo de jóvenes que nos va siguiendo, otro grupo de bereberes en Boulmane Dades.

Prácticamente ha corrido la voz por el pueblo de la visita de un grupo de más de treinta personas a la localidad, ¡eso no pasa todos los días! Es normal que sientan curiosidad, ganas de charlar y dar a conocer sus productos.

Rachid, un joven alto y musculoso, es el primero que entabla conversación con nosotras. Habla un perfecto castellano.

Presenta al resto de amigos, y de nuevo, nos invitan a tomar té en el hotel donde trabajan (me sería difícil contar el número de tazas de té a la menta que he llegado a beber durante el viaje a Marruecos), de paso enseñarnos las mejores vistas al Valle de los Pájaros.

Las tres reímos, ya nos da igual si nos engañan o nos toman el pelo y aceptamos encantadas la sugerencia del grupo de bereberes en Boulmane Dades.

Junto a Rachid y otros jóvenes de Boumalne

Junto a Rachid y otros jóvenes bereberes en Boumalne Dades

Y no nos engañan en absoluto. Todo lo que han contado es cierto.

Los tres trabajan en otro de los hoteles de Boumalne Dades donde nos invitan a té y a contemplar una inolvidable puesta de sol.

Nada más, simplemente eso. De nuevo la hospitalidad y las ganas de charlar que caracteriza al pueblo bereber, a los Imazighen.

Nosotras encantadas. Regresamos al hotel como hechizadas por Ibrahim y el resto de bereberes en Boulmane Dades.

Será durante la cena compartida con los compañeros cuando descubramos que la misma experiencia también la han vivido ellos.

Bueno, aquellos que a lo largo de la tarde, superados sus miedos respecto a “los otros”, se han dejado llevar por las historias de un grupo de hombres.

Lo más desagradable de este día en Boulmane Dades fue las picaduras de pulgas que me dejaron parte de las piernas como un cuadro y una terrible sensación de picor que no calmaba con nada. 

¡Un golpe de realidad siempre viene bien!

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