Cuando la vida te obliga a parar… resiliencia

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Cuando la vida te obliga a parar…

 

 

 “Solo hay un gran cambio en la vida y hay que aferrarse a él cuando aparece” dice Murakami en uno de sus libros.

¿Uno solo? ¿quizá el que te abre la puerta a asumir todos los demás como parte del proceso vital? ¿El que te quita la venda de los ojos y te saca de La caverna? ¿O la vida es al fin y al cabo saber adaptarse, aprender y enriquecerse con los cambios? ¿Cíclicos o esporádicos? Bosques de transformación, que dirían los guionistas de Frozen II. Encrucijadas del camino de la vida, que no es ni único, ni recto, ni fácil, pero si precioso.

 

Desierto de Omán

 

 

 

Reinventarse

 

En mi vida me he visto obligada a reiventarme muchas veces y otra vez de nuevo he vuelto a comprobar que parece que nunca podré dejar de hacerlo. “Esto también pasará“, no hay mayor verdad universal, todo es temporal. De ahí la gran importancia de disfrutar del presente, del usted está aquí, de los pequeños detalles, de las caricias y de las sonrisas…

No se puede parar el tiempo, aunque ahora de alguna manera el Coronavirus lo esté haciendo con todos nosotros, obligándonos a repriorizar, a pararnos y a hacer aquello que “la vida” no nos permitía hacer. ¿La vida? Esa vida que no nos daba y ahora que la tenemos nos cuesta saber qué hacer con ella.

 

 

Marzo 2020

 

 

El Coronavirus y el #YoMeQuedoEnCasa han desterrado de mi pensamiento la tan repetida a la par que odiada frase “la vida no me da”, me está recordando otras muchas cosas, además de permitirme hacer otras tantas que antes no podía.

 

 

Lo que la cuarentena está haciendo por mi

 

 

Pasar un fin de semana en el sofá, sin prisas, sin relojes, sin alarmas, sin tener que ir a ningún sitio, sin estar pendiente ni tan siquiera de la televisión. Había olvidado por completo lo que era eso.

 

El valor de la siesta un sábado,  no recordaba la última vez que había disfrutado de ese pequeño y maravilloso placer de cerrar los ojos y dejarse llevar.

 

Sofá

 

 

 

Hacer de la comida el desayuno un fin de semana. Brunch lo llaman, que cosas.

 

 

 

Cocinar, sí, yo, cocinar un lunes y más raro en mi aún, ¡sentir curiosidad por hacerlo! Tener interés y experimentar con los fogones y la sartén.

Cualquiera que me viera hace unas semanas pensaría que me he dado un golpe en la cabeza, con esa misma sartén o quizá con un cazo aún más grande. Es lo que tiene el Estado de Alarma y las Pandemias, tan extraordinarios como sus efectos en algunas personas.

 

Saborear, poner especias y viajar a través de ellas, ayer a Omán, mañana… todo un mundo de sabores por descubrir.

 

Especias de Omán

 

 

Levantarme a la primera cuando suena el despertador “¡porque quiero aprovechar el día!” Me tendríais que haber visto el mes pasado, atrasándolo una y otra vez de buena mañana.

 

 

Preocuparme por los que quiero y decirles que los quiero aunque sea por teléfono.

 

Decir Te quiero

 

 

Echar de menos

 

Valorar el poder de los abrazos

 

Añorar los besos

 

Hablar, escucharse y hasta verse por teléfono.

Lo que antes eran un par de WhatsApps o audios corriendo por la calle, se han convertido ahora en largas videollamadas, incluso internacionales.

 

Reír, las circunstancias adversas con humor se llevan mucho mejor.

 

Reír

 

 

Emocionarme mientras aplaudo y escucho hacerlo desde los balcones a los que de verdad nos salvan a todos y  a cada uno de nosotros, y ponen en riesgo su salud y su vida por vocación y por un compromiso impagable.

Esto nos debería enseñar a no volver a protestar jamás cuando tarden en atendernos en un centro de salud o en un hospital y a no quejarnos de las fuerzas y cuerpos de seguridad, que están ahí siempre que se les necesita. Por el bien de todos,  facilitémosles su ya de por si complicado trabajo.

La disciplina es un valor y la rebeldía hay que dejarla para otras ocasiones. Hay bienes jurídicos superiores a tu tiempo y tu voluntad.

 

Guantes

 

 

Y aprender a valorar aquellos trabajos más invisibles que con su esfuerzo están permitiendo que todo pueda fluir con normalidad.

 

La importancia del trabajo en equipo, de la solidaridad y del nosotros frente al yo. Recuperar la fe en la humanidad.

 

Aprender a ser más positiva aún y a valorar todo lo que tengo, especialmente la salud, el bien más preciado de todos.

 

Profundizar en mis pensamientos y conversar conmigo sobre todos aquellos temas que la prisa diaria no me permitía. ¡Y dejar que surjan nuevos!

 

Buscar e investigar sobre temas pendientes y sentir el pequeño subidón que da seguir creciendo por dentro. La vida es no dejar nunca de aprender.

 

Sacar de la caja

 

 

La sonrisa al tachar de esa lista interminable llamada “cuando tenga tiempo”

 

Hacer deporte en casa, mejor dicho, hacer deporte más allá de ir corriendo a los sitios porque no llego.

 

Bailar, sí, bailar, la música que yo elija las veces que yo quiera.

 

Acordarme de los veranos en casa de mis abuelos, o en la playa escuchando música en el tocadiscos, cuando no hacía falta Internet para ser feliz.

 

 

 

Tener tiempo para leer, para escribir y para dejar volar la imaginación.

 

Releer las páginas de aquel libro que me atrapó hace 10 años. Y recordar la conexión tan fuerte que tuve con uno de sus personajes. Volver atrás en el tiempo y verme tumbada en la cama devorando aquellas páginas que ampliarían mis horizontes.

 

Leer y releer

 

 

 

Tomar decisiones que me negaba a tomar, sensaciones que ya era capaz de verbalizar, pero no me veía capacitada, no estaba preparada o pensaba que no era el momento. Pero en ocasiones el universo decide por ti, conspira para que las cosas ocurran en el momento en el que tu creías no estar preparado para ello o quizá era el empujón que necesitabas y de esas van ya unas cuantas.

 

Comprobar que la única estabilidad que existe está en tu interior, la exterior es un mero espejismo.

 

Repriorizar emociones, constatar que las cosas importantes son mucho más sencillas y fluyen solas.

 

Imán

 

 

 

Verificar que que algo no haya sucedido nunca no significa que no pueda suceder. Lo imprevisible existe y no querer ver lo previsible también.

 

Apreciar que el convulso y difícilmente viajero 2020 me haya regalado 2 viajes maravillosos. El viaje a Omán que me convirtió en mejor persona y el viaje a Chicago que me convertiría en una más culta. Probablemente eran ya señales de cambio.

 

Postal de Omán

 

 

 

Lo que importa no es lo que te sucede, sino cómo reaccionas a lo que te sucede

 

 

Resiliencia

 

 

Momentos para viajar sin salir de casa

 

 

 

 

Cuando la vida te obliga a parar… cambios y resiliencia | Marzo 2020  | Las sandalias de Ulises

 

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