Crucero por las Mil Islas y viaje a Montreal

La segunda etapa de este viaje por la Costa Este canadiense, tras unos intensos días pateando Toronto , nos pondría en contacto con la apabullante naturaleza de este país, que a fin de cuentas era lo que más nos había atraído para volar tantos kilómetros. Y es que aunque las ciudades canadienses son espectaculares, nada comparable a sus lagos, montañas y frondosos bosques. Los paisajes que irás encontrando son tan bonitos que a veces parecen decorados y cuesta creer que sean de verdad.

Crucero Mil Islas Canada

Como entre Toronto y la siguiente ciudad que visitaríamos, Montreal, la distancia se iba hasta los 540 kilómetros y las cinco horas y media de viaje, teníamos la ocasión ideal para realizar una parada en un lugar al que le teníamos cantidad de ganas: Las Mil Islas (en Canadá conocidas como las Thousand Islands). Este es sin lugar a dudas uno de los paisajes más exuberantes de Canadá y también de los más visitados por los canadienses, ya que se encuentra a sólo tres horas de Toronto, tres de Montreal y dos de Ottawa. Son más de 1.800 islas, algunas tan pequeñas que dentro de ellas sólo cabe una casa, como podréis ver en las fotografías. Se encuentran repartidas entre el río San Lorenzo y el lago Ontario, en la frontera natural que divide Canadá y Estados Unidos, por lo que algunas de ellas pertenecen a un país y otras a otro.

La mayor de ellas, Wolfe Island, es canadiense. Cerca, en la isla de Carleton, se encuentran las ruinas del Fuerte Haldimand construido en 1779 por los británicos. La isla más pequeña, curiosamente denominada Just Room Enough Island («la isla en la que sólo cabe una habitación»), es la isla habitada más pequeña de Estados Unidos, con superficie para una sola vivienda. Otras islas como Deer Island pertenecen a la sociedad secreta Skull & Bones, fundada en la Universidad de Yale. Sus miembros, todos pertenecientes a familias multimillonarias, han logrado formar parte de los servicios secretos de la CIA: la película «El buen pastor» de Robert De Niro relata la vida de uno de sus miembros más influyentes, Edward Wilson.

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Gananoque es el pueblo desde donde parten muchos de los cruceros turísticos que recorren el parque natural. Estos son de diferentes precios y duración: nosotros optamos por el de una hora porque consideramos que era tiempo suficiente para conocer lo más importante y además después nos quedaba un trecho de camino en coche hasta Montreal. El precio del crucero fueron 25 dólares por persona (dejar el coche en el parking público fueron 3 dólares más). Observarás que prácticamente el pueblo entero vive del turismo que genera la salida de los barcos, con un montón de restaurantes, cafeterías y tiendas de souvenirs.




Como en Gananoque los restaurantes parecían estar bastante orientados al turismo, decidimos evitarnos colas de espera y sorpresas a la hora de traernos la cuenta, coger el coche y parar a comer camino de Montreal. Elegimos el pueblo de Brockville (conocido antiguamente como Elizabethtown) y comimos en un agradable restaurante, el Billy K’s, donde las especialidades eran las hamburguesas de carne ahumada y ¡cómo no! la poutine.

Ya te hemos hablado varias veces de este plato (una bomba de calorías) que tanto apasiona a los canadienses. Pero debíamos volver a citarlo ya que es en Montreal donde dicen que se preparan los mejores, aunque son dos los restaurantes que andan a la greña, autoproclamándose los inventores de la poutine (el Le Lutin Qui Rit de Warwick y el Le Roy Jucep de Drummondville). Si aún no lo conoces, te recordamos que es un plato bastante sencillo: patatas fritas regadas con queso en polvo y salsa de carne. Lo venden en todos sitios, desde puestos callejeros a restaurantes de lujo. Incluso podrás encontrar en los supermercados la salsa con la que lo elaboran, yo me traje un par de sobres a casa para prepararlo cuando regresáramos. En Montreal el restaurante más famoso de poutine es La Banquise , con más de 30 variedades diferentes.

Poutine Canada

 


 

Guía Montreal

Montreal, la segunda ciudad más grande del país (con más de un millón de habitantes) y la mayor de la provincia de Quebec, se encuentra a una latitud tal que en invierno lo normal es que el termómetro alcance los diez grados bajo cero y son comunes las auroras boreales. De ahí que nuestra recomendación (de nuevo) sea venir en verano para disfrutar de todo lo que se puede hacer al aire libre.

Al llegar a Montreal, lo primero que hicimos fue dirigirnos al apartamento que habíamos alquilado por medio de Booking, los Appartements de la Belle Rive 2. Escogimos el apartamento para 6 personas con terraza, con dos dormitorios grandísimos, y el precio fueron 226 euros por dos noches (teniendo en cuenta que íbamos dos parejas, buena opción). Aunque sabíamos que se encontraba a las afueras de la ciudad y algo alejado del centro, como a unos diez kilómetros, nos gustaba la sensación de tranquilidad que daba estar en un barrio residencial. Y además así no teníamos problemas de aparcamiento, dejábamos el coche en la misma puerta.

Como hemos mencionado el transporte, deciros que en Montreal, como en casi todas las ciudades que estuvimos, nos olvidamos del coche y optamos por el transporte público. Aparcábamos justo al lado de la parada de metro que nos cogía más cercana, la de Honoré-Beaugrand, y nos movíamos por la ciudad en metro. Además algunas estaciones como las de Champs-de-Marts o Place-des-Arts son bastante espectaculares al estar forradas de murales y pinturas. Mi recomendación es que os hagáis con un pase diario: cuesta 10 CAD y en el momento que hagáis cuatro viajes ya lo habéis amortizado ya que el billete individual cuesta más de 3 dólares. Además, también valen para los buses, que también acabamos usando.

Comencemos con las visitas. Y lo hacemos por la Villa Olímpica, el lugar que más fama ha dado a Canadá a nivel mundial. Para llegar hasta aquí, lo tienes fácil: el metro hasta la estación de Pio IX. En 1976 se celebraron aquí los Juegos Olímpicos y desde entonces, Canadá ha impulsado entre sus ciudadanos la práctica del deporte, tanto el de verano como el de invierno: los canadienses se vanaglorian de tener miles de kilómetros de bosques donde poder hacer deporte al aire libre.

Villa Olimpica Montreal

En la Villa Olímpica se encuentra la torre inclinada más alta del mundo (175 metros), con una inclinación de 45º (la Torre de Pisa, por poner un ejemplo, tiene una inclinación de 5º). Abierta al público desde 1987, en lo alto cuenta con un mirador panorámico (la entrada cuesta 23 dólares). Cerca está el Estadio Olímpico: su construcción supuso un desembolso a la ciudad de casi 300 millones de dólares (son muchos los que creen que aquellos Juegos Olímpicos fueron un despilfarro innecesario). De hecho, a día de hoy dicho estadio apenas se utiliza para sólo algunos eventos (conciertos más que nada) ya que los equipos locales de baseball o hockey sobre hielo cuentan con sus propios estadios.

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Una de las visitas que más nos gustó fue al Jardín Botánico de Montreal, uno de los más importantes del mundo. La entrada cuesta 20,50 dólares y da acceso al Jardín y al Insectarium (*Nota: acabamos de ver que por obras el Insectarium estará cerrado hasta Junio de 2021). El Insectarium fue lo primero que visitamos y nos encantó ver la cantidad de niños que había con sus padres, aprendiendo de estos pequeños seres, los insectos, fundamentales para el correcto desarrollo de la biodiversidad mundial.

Es recomendable recorrer el Jardín Botánico en primavera / verano para disfrutar del paisaje en todo su esplendor…

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El Jardín Chino, inaugurado en 1991, es el más espectacular del complejo, con una montaña artificial de más de 3.000 toneladas. De hecho, fuera de China es el jardín del mundo con más plantas oriundas del país asiático (más de dos centenares) y el mayor jardín chino en lo que a extensión se refiere. Para su construcción se trajeron toneladas de material de la propia Shanghai, ciudad que también donó una colección de bonsais chinos. En esta foto de abajo podéis observar la pagoda de 14 metros de altura con vistas al Lago de los Sueños.

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El Jardín Japonés, inaugurado en 1988 y considerado uno de los mejores del mundo, alberga una exposición permanente de tés de Oriente así como un lago plagado de carpas doradas, las koi japonesas, y una bonita exposición de bonsais. También hay un Pabellón Japonés basado arquitectónicamente en las casas de té tradicionales y donde se acerca al visitante a la cultura nipona. Puedes visitar el Stone Garden, un «jardín seco» donde piedras sobre arena blanca simulan flotar sobre el mar o admirar la Campana de la Paz donada por la ciudad de Hiroshima, con la que está hermanada, donde cada 6 de Agosto se rinde homenaje a las víctimas del bombardeo.

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La Basílica de Notre-Dame es, con razón, el símbolo más reconocible de Montreal y uno de sus rincones más conocidos, con un millón de visitantes al año. Se dice de ella que se construyó inspirada en su hermana parisina y fue durante muchos años la iglesia más grande de toda América. Este impresionante templo del siglo XIX (donde se casaron Celine Dion y René Angelil) acoge cada año los festejos conmemorativos de la fundación de la ciudad, así como numerosos conciertos (entre otros ha actuado aquí Luciano Pavarotti). En el exterior se alzan majestuosas sus torres gemelas de casi 70 metros de altura, La Pérsevérance y La Témperance, testigos cada noche (de martes a sábado) del espectáculo de luces «Et la lumière fut».

Basilica Notre Dame Montreal

Tarifas

Acceso a la basílica + visita guiada de 20 minutos:

  • Ticket de adultos: 5 CAD
  • Ticket de niños (entre 7 y 17 años): 4 CAD.

Espectáculo « El la lumière fut »

  • Ticket de adultos: 10 CAD.
  • Ticket de niños: 5 CAD.

Es recomendable reservar el tour con antelación ya que en temporada alta te puedes quedar sin entradas. Tienes toda la información en la web Basilique Notre Dame .

Horarios

La iglesia está abierta gratuitamente para visitantes:

  • Lunes a Viernes de 8:00 a 16:30
  • Sábados: 8:00 a 16:00
  • Domingos de 12:30 a 16:00

 

Si hubo un barrio que nos pareció realmente precioso este fue Plateau Mont Royal, situado precisamente en el monte que da nombre a la ciudad. Se encuentra al norte del centro histórico y es una delicia pasear entre estas coquetas calles justo a la hora de comer, cuando muchas de ellas se encuentran casi desiertas. En mi opinión, las más fotogénicas son Drolet, Henri-Julien y Laval Avenue. Las casas son espectaculares, con esas fachadas coloridas que brillan al sol.

Montreal Canada

Y no menos llamativos son los murales que desde hace seis años elaboran artistas locales en el Mural Festival. El barrio es conocido precisamente por la cantidad de festivales que aquí se celebran: el Marché des Possibles (con food trucks y conciertos gratuitos), el Pianos Publics (con pianos al aire libre) o el POP Montreal, con artistas underground. Además, aquí se concentra un buen puñado de salas de espectáculos como la Sala Rossa o el Rialto Theatre.

Murales Montreal

A la hora de comer, aparte de catar la poutine, hay una experiencia en Montreal que no debes ni puedes perderte: visitar Schwartz’s. Se encuentra en el 3895 del Boulevard Saint Laurent pero no te preocupes, no tiene pérdida: las colas frente a sus puertas son inconfundibles. Este restaurante, abierto desde 1928, es toda una institución en la ciudad. Lo fundó un inmigrante judío que llegó desde Rumanía y desde entonces se ha convertido en uno de los restaurantes favoritos no sólo de los montrealenses sino también de infinidad de viajeros.

¿Su secreto? La riquísima carne ahumada, base de sus deliciosos bocadillos, que se elabora durante diez días y se adereza con especias. Aunque es difícil conseguir mesa (y a menudo debes compartirla), merece la pena venir a comer aquí. No nos extraña que sus dueños actuales se hayan negado a abrir franquicias pese a la cantidad de ofertas recibidas, todo por mantener la autenticidad de un establecimiento francamente especial.

Schwartz's Montreal
Las colas para tomar un sandwich en Schwartz’s
Schwartz's Montreal
¡Mereció la pena esperar para probar esta hebrew delicatessen!

Saint-Laurent es una larguísima calle de once kilómetros que no sólo ejerce como frontera imaginaria entre el área francófona y anglófona (aunque aquí lo que predomina es el francés) sino también una de las principales arterias comerciales de la ciudad. Una avenida entretenidísima para los que gustéis ir de compras que va atravesando diferentes barrios étnicos como Little Portugal (donde hay hasta un Parc du Portugal que homenajea a los 45.000 descendientes de portugueses que viven en la ciudad) o Little Italy, donde destaca la Iglesia de la Madonna della Difesa. Además, a lo largo de Saint Laurent se amontonan las galerías de arte, las casas de exposiciones y los cines: fue aquí en el Edifice Robillard, donde en 1896 se proyectaron por primera vez en Norteamérica las películas mudas que serían el germen de la historia del cine.

Otra de las delicias típicas de Montreal son los bagels. Y es que aunque estos bollos polacos alcanzaron su máximo nivel de popularidad en Nueva York (que sí, que os aseguro que allí también están muy ricos), en mi opinión los de Montreal justifican también su merecida fama porque son mucho más tiernos y jugosos. Su fama es tal que hasta hay tours como el Beyond the Bagel: Montreal Jewish Food en el que durante más de tres horas te hacen una visita guiada por los establecimientos más relevantes (aunque para mi gusto el precio está inflado, casi 70 euros la broma; mejor hazlo por tu cuenta).

Nosotros fuimos adrede a probarlos a  St. Viateur , donde se considera que de un modo completamente artesanal, se elaboran los mejores bagels de la ciudad (aunque otros muchos se decentan por otro local próximo, Farmount). La docena de bagels  cuesta 10 CAD y los tienes de varias variedades (canela, semillas de amapola, multigrano…) aunque para mí los más ricos son los de sésamo. Y encima te los llevas calentitos para poder ir comiéndolos por la calle. Una delicia.

Bagels Montreal
Los bagels se preparan en hornos tradicionales

Tanto la carne ahumada como los bagels llegaron a Montreal de mano de la comunidad judía. A día de hoy es una de sus minorías étnicas más importantes (un 7% de la población) y buena parte de estas familias hebreas viven en el coqueto barrio de Mile End. Cuando paseamos por allí, nos cruzamos con un montón de judíos ortodoxos, con sus tirabuzones saltarines y sus numerosas familias vestidas de negro, herederos de aquellos inmigrantes que durante las dos guerras mundiales huían de Europa. Una comunidad que antaño contribuyó activamente para obtener muchos derechos laborales: se dice que gracias a su presión se consiguió en Canadá la jornada laboral de 40 horas semanales. El judío más famoso de Montreal era Leonard Cohen, quien llegó a grabar un disco con el coro de una sinagoga y cuyos textos se inspiraban en la liturgia hebrea.

Montreal es una ciudad universitaria (de hecho, la que más estudiantes por habitante tiene en América del Norte), con cuatro universidades (dos francófonas y dos anglófonas), lo que da a sus calles un aire muy juvenil. La mayoría de estos estudiantes suelen concentrarse en St. Catherine Street, una de las arterias comerciales de la ciudad, donde en verano se organizan muchos mercadillos. En esta zona también se encuentra Burough Ville-Marie, el Village, el barrio gay, donde cada verano se celebra el Gay Parade y con algunos de los bares más animados de Montreal (hay más de 80 para elegir). Aunque antiguamente era un barrio bastante deprimido, a partir de 1970 comenzó a ocuparlo la comunidad homosexual, dando un giro total para bien al vecindario. Puedes combinar la visita recorriendo el Barrio Latino, que está al lado.

Otra recomendación para cuando hagáis un descanso entre tanta visita: la cervecería Dieu du Ciel. Fundada hace más de 20 años, es un clásico entre los cerveceros (y entre los no cerveceros). No es la pionera en la ciudad (ese honor le corresponde a Cheval Blanc, abierta desde el año 1987) pero sí ha visto reconocida su valía siendo elegida entre las cien mejores microcervecerías del mundo. Ubicada en un antiguo restaurante ruso, creó la primera cerveza de Quebec aderezada con cáñamo. Quizás entonces ya se olían venir eso de que la legalización de la maría sería cuestión de tiempo: cuando visitamos Canadá, sólo faltaban dos meses para que el proyecto comenzara a funcionar.

El Chinatown de Montreal es mucho más pequeño que el de Toronto, que habíamos recorrido unos días antes, pero no obstante se merece una visita. Lo más llamativo son sus cuatro paifangs, las puertas ornamentadas que dan entrada al barrio. Chinatown ha ido menguando con los años debido a la reestructuración urbanística propuesta por el ayuntamiento, que fue reduciendo el espacio del vecindario para cedérselo, por poner un ejemplo, al nuevo Palacio de Congresos. Aún así, aquí se encuentra la mayor escuela china del país, donde dan clase más de 1.500 estudiantes, es sede del Montreal Chinese Hospital y agrupa un montón de restaurantes asiáticos donde podrás degustar las delicias gastronómicas de los locales. Como curiosidad, comentarte que no es el único barrio étnico (pero sí el más importante) ya que también hay barrios griegos e italianos.

Chinatown Montreal

La Grande Roue: la noria más grande de Canadá. Ahí la podéis ver al fondo. Aunque el paseo sólo dura 15 minutos, la entrada cuesta 20CAD. Eso sí, tendrás vistas de Montreal a 60 metros de altura. Este es el puerto de Montreal, uno de los sitios de la ciudad más agradables para darse una caminata. Ha mejorado muchísimo respecto a los años 80, cuando éste era un puerto de mercancías y un lugar poco recomendable para merodear al anochecer. Pero actualmente, convertido en un puerto deportivo de donde parten muchos cruceros, la zona, además de acoger un montón de restaurantes, cafeterías, tiendas y mercadillos de comida y hasta una pista de patinaje que se abre en invierno, aquí se encuentra el Science Centre (un museo interactivo que lo mismo centra sus exposiciones en la evolución humana como en la saga de Star Wars), la Torre del Reloj o los silos, herencia de la revolución industrial, que en su día llegaron a ser los edificios más altos de la ciudad.

Puerto Montreal

En este área tienes la siempre animada Place Jacques Cartier (llamada así por uno de los «descubridores» de Canadá), con sus restaurantes carísimos y sus heladerías, un lugar en el que a las parejas de novios les encanta venir para hacerse las fotos de boda. Cerca la columna con la estatua del almirante Nelson. Desde allí puedes acercarte a echar un vistazo al Bonsecours Market, un gigantesco mercado de 160 metros de fachada que lleva en funcionamiento siglo y medio, siendo el más antiguo de Montreal. Aunque antiguamente era el mercado más importante de la ciudad, hoy en su interior podemos encontrar galerías de arte, boutiques de diseñadores, cafeterías, salas de exposiciones y bonitas tiendas de artesanía.

Este es el barrio del Viejo Montreal (Vieux Montreal), donde podrás empaparte del marcado carácter francés que inunda sus calles, con sus iglesias católicas (todo ello pese a que los montrealenses en la práctica no son demasiado practicantes). El barrio pretende mantener tan intacta esta atmósfera antiquísima que son muchos los establecimientos que no admiten el pago con tarjetas de crédito.

Place d’Armes Montreal
Place d’Armes con la estatua del fundador de Montreal, Sieur Paul Chomedey de Maisonneuve

 

💥Curiosidades de Montreal 💥

🔴Escucharás a más de un local “I’m just going to get some wine at the dep». ¿Y qué es un dep? Como los montrealenses conocen a los dépanneur, pequeñas tiendecitas a la vuelta de la esquina en las que puedes encontrar desde vino a leche, cigarrillos o chocolatinas.

🔴En las puertas de muchos bares verás el cartel con la leyenda “5-à-7”. O lo que es lo mismo: la happy hour.

🔴Después de París, Montreal es la ciudad con más franco-parlantes del mundo. Más de la mitad de la población, el 60%, hablan con la misma fluidez francés e inglés.

🔴Suele nevar una media de 60 días al año.

🔴Ningún edificio de la ciudad puede ser más alto que la Croix du Mont-Royal.

🔴El famoso video juego Assasins’s Creed fue creado en Montreal, así como el Circo del Sol.

🔴Existe una Montreal subterránea: kilómetros de túneles con tiendas y centros comerciales donde la gente se refugia en invierno escapando de la nieve y las bajas temperaturas. En 1976 se registró la temperatura más baja de la historia de la ciudad: 49 grados bajo cero.

🔴Montreal cuenta con el Miskatonic Institute of Horror Studies, una escuela de cine de terror donde por sólo 45 dólares al semestre, te enseñarán a crear tu película de zombies amateur.

🔴En los años 60 la CIA realizó aquí un montón de experimentos secretos (lavados de cerebro incluidos) con la intención de crear al «soldado perfecto».

🔴El tema de John Lennon «Give Peace a Chance» fue compuesto en el hotel Queen Elizabeth en 1969.

🔴Montreal construyó en los años 70 uno de los aeropuertos más grandes del mundo y ahora éste se encuentra practicamente abandonado.

🔴En Montreal nación Jean Baptiste Le Moyne, fundador de Nueva Orleans.

 

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